Tom Oberheim lleva décadas siendo uno de los nombres más respetados en la historia del hardware musical. Diseñó el OB-X, el Oberheim Polyphonic Synthesizer, el SEM — máquinas que definieron el sonido de los años setenta y ochenta y que hoy se cotizan en el mercado de segunda mano como piezas de arte. Pero hay una parte de su legado que lo incomoda visiblemente: la narrativa oficial de cómo nació el MIDI. Según los libros de historia, Oberheim fue uno de los padres del protocolo que conectó al mundo musical. Según él mismo, eso es, en sus palabras exactas, "un chiste".

En una entrevista reciente con MusicTech, Oberheim no se anduvo con rodeos. Cuando le preguntaron sobre su rol en la creación del MIDI, respondió con una cita que ya circula entre ingenieros y coleccionistas de sintetizadores: "I said, 'Don't talk to me about a digital interface hooking up machines.'" Es decir, en el momento en que se estaba gestando el estándar, Oberheim era escéptico — o directamente hostil — a la idea. No era un creyente. No era un arquitecto entusiasta. Era, en el mejor caso, un participante reluctante que eventualmente cedió a la presión de la industria.
Esto importa más de lo que parece a primera vista.
El mito del consenso tecnológico
La historia oficial del MIDI es una de esas narrativas de cooperación industrial que la industria musical adora repetir: competidores que dejaron sus diferencias de lado para crear un estándar universal. Roland, Yamaha, Sequential Circuits, Oberheim — todos sentados a la misma mesa, todos tirando hacia el mismo lado. Un cuento bonito. El problema es que los protagonistas reales tienen memorias mucho más complicadas del proceso.
Dave Smith de Sequential Circuits es generalmente reconocido como el iniciador más activo del protocolo. Fue Smith quien circuló la propuesta técnica en 1981 bajo el nombre Universal Synthesizer Interface y quien empujó a los japoneses — particularmente a Ikutaro Kakehashi de Roland — a adoptarlo. Oberheim estaba en la sala, sí. Pero "estar en la sala" y "co-crear algo" son cosas muy distintas, y Oberheim lleva años intentando que alguien le ponga atención a esa diferencia.
Lo que dice Oberheim no es que el MIDI sea malo. Es que él no lo diseñó, no lo quería diseñar, y que atribuirle co-autoría es una simplificación histórica que borra la contribución real de otros — especialmente Smith — mientras lo convierte a él en parte de un consenso que nunca existió tan limpiamente.
Por qué esto sigue siendo relevante en 2026
MIDI no murió. MIDI 2.0 lleva ya varios años en implementación activa, con soporte en hardware moderno de Roland, Yamaha, Moog y decenas de fabricantes europeos. Los DAWs principales lo adoptaron. El protocolo que "nadie quería crear" según uno de sus supuestos creadores sigue siendo la columna vertebral de cómo los instrumentos se comunican entre sí, cuatro décadas después.
Eso hace la declaración de Oberheim más interesante, no menos. Porque si alguien que resistió activamente el MIDI terminó siendo inscrito en su historia fundacional, el protocolo tiene una narrativa de origen mucho más caótica y humana de lo que los manuales sugieren. Las grandes innovaciones tecnológicas raramente nacen de visiones compartidas — nacen de fricciones, de negociaciones incómodas, de gente que cede cuando no quiere ceder.
Oberheim cedió. Y cuatro décadas después todavía le molesta que nadie cuente bien esa parte.
El problema de los mitos fundacionales en la tecnología musical
La industria del audio tiene una tendencia particular a construir mitos de origen limpios. Es comprensible: los instrumentos musicales venden mejor cuando tienen una historia heroica detrás. Un sintetizador diseñado por un visionario que cambió el mundo suena mejor en el copy de marketing que uno diseñado por un comité de ingenieros que se odiaban a ratos.
Pero esos mitos tienen un costo. Borran la complejidad real del proceso creativo. Simplifican las tensiones que produjeron los resultados. Y, en casos como el de Oberheim, pueden atribuirle a alguien una paternidad que esa persona rechaza activamente — lo cual es, en el mejor de los casos, irónico.
Tom Oberheim tiene 86 años. Sigue activo, sigue diseñando hardware bajo su propia marca, y sigue siendo directísimo cuando alguien le pregunta sobre su historia. Que en 2026 esté todavía desmontando un mito que lleva cuarenta años consolidado dice algo tanto sobre la resistencia de los mitos como sobre la persistencia del hombre.

La próxima vez que alguien cite a Oberheim como co-creador del MIDI, vale la pena recordar lo que él mismo dice al respecto: que eso es un chiste. Y los mejores chistes siempre tienen algo de verdad incómoda adentro.