SoftBank acaba de anunciar una inversión de hasta 75 mil millones de euros para construir centros de datos en Francia, con el objetivo de desarrollar y operar hasta 5 gigawatts de capacidad adicional. Para ponerlo en perspectiva: 5 GW es aproximadamente el doble de lo que consume toda la Ciudad de México en un día pico. No es una apuesta tímida. Es una declaración de intenciones de que el grupo japonés, liderado por Masayoshi Son, considera a Europa — y a Francia en particular — como uno de los tableros principales donde se va a decidir quién controla la infraestructura de inteligencia artificial en la próxima década.

La pregunta que nadie hace en los titulares es: ¿por qué Francia? La respuesta tiene varias capas. Primera: energía. Francia genera alrededor del 70% de su electricidad a partir de energía nuclear, lo que la convierte en uno de los países con la electricidad más barata, más estable y más baja en carbono de toda Europa. Para un centro de datos de escala masiva, el costo y la predictibilidad del suministro eléctrico no es un detalle operativo — es la variable que determina si el negocio tiene sentido o no. Segunda: política. El presidente Macron lleva años intentando posicionar a Francia como el hub tecnológico de Europa, y ha conseguido atraer capitales con una combinación de incentivos fiscales, discurso europeísta y la narrativa de "soberanía digital" que resuena bien con los gobiernos que no quieren depender exclusivamente de infraestructura estadounidense o china. Tercera: timing. Con la explosión de demanda por cómputo para entrenar y servir modelos de lenguaje grande, la capacidad de centros de datos en Europa está saturada. Quien construya ahora, cobra renta en dos o tres años.
El contexto SoftBank: de WeWork a la IA, pasando por el ridículo
SoftBank tiene una historia peculiar con las apuestas grandes. Su Vision Fund I perdió cantidades épicas en WeWork, Uber y docenas de startups que prometían "disrumpir" industrias y terminaron disrumpiéndose a sí mismas. Pero Son aprendió — o al menos ajustó el discurso — y desde 2023 ha pivotado agresivamente hacia infraestructura de IA. La lógica es distinta: en lugar de apostar a que una startup en particular gane el mercado, SoftBank está apostando a ser el casero. No importa qué modelo de IA gane, necesita cómputo. Y si ese cómputo está en un datacenter que SoftBank opera, SoftBank gana de todas formas.
Esta estrategia de "infraestructura como apuesta agnóstica" es exactamente lo que explica movimientos como Stargate en Estados Unidos — el proyecto de 500 mil millones de dólares en infraestructura de IA que SoftBank lidera junto con OpenAI, Oracle y otros — y ahora este anuncio en Francia. Son no está apostando a un caballo; está comprando el hipódromo.
5 gigawatts: qué significa en la práctica
Cinco gigawatts de capacidad en centros de datos no se construyen de la noche a la mañana. Los analistas estiman que un proyecto de esta escala requiere entre 5 y 8 años para estar completamente operativo, asumiendo que no hay cuellos de botella en la cadena de suministro de transformadores, sistemas de enfriamiento o permisos de construcción — y siempre hay cuellos de botella. La parte interesante es que SoftBank dice "hasta" 75 mil millones, lo que sugiere que el despliegue será progresivo y probablemente atado a hitos de demanda real. No van a construir 5 GW en el vacío; van a construir conforme lleguen los contratos con hyperscalers, gobiernos o empresas que necesiten cómputo soberano europeo.
En términos de magnitud: Microsoft anunció 3.3 mil millones de dólares para Francia en 2024. Google ha comprometido cifras similares. La apuesta de SoftBank los hace quedar chicos en papel, aunque la ejecución es otro tema.
El ángulo que más importa para México y Latinoamérica
Esta noticia tiene relevancia directa para la región aunque no lo parezca. La concentración de inversión en infraestructura de IA en Europa y Estados Unidos amplía la brecha de latencia, costo y acceso para empresas latinoamericanas que quieren usar servicios de IA de frontera. Cada datacenter que se construye en París o en Virginia es un datacenter que no se está construyendo en Monterrey, Bogotá o São Paulo. La soberanía digital que Macron vende para Francia es exactamente lo que México no tiene — y mientras los capitales globales sigan apostando al norte global, esa asimetría se profundiza.
Para quienes trabajamos en tecnología desde México, el mensaje es incómodo pero claro: la infraestructura que va a correr la IA del futuro cercano se está decidiendo ahora, en negociaciones entre gobiernos europeos y fondos japoneses. Nosotros seguimos siendo consumidores de esa infraestructura, no constructores. Eso tiene consecuencias en precio, en latencia, en dependencia regulatoria y en quién tiene los datos de quién.

La inversión de SoftBank en Francia es una noticia de negocios. También es un recordatorio de que la geopolítica de la IA se juega en capas físicas muy concretas: cables, refrigeración, transformadores y permisos de construcción. Y en esa partida, México todavía está en las gradas.