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Innsbruck: montañas de televisión de aparador, un concierto que no fue y un hotel que me cobró tres veces

Innsbruck: montañas de televisión de aparador, un concierto que no fue y un hotel que me cobró tres veces

Llegué a Innsbruck después de todo un día arriba del tren desde Berlín. No me dormí ni un minuto porque había transbordos y me daba pánico pasarme de estación. Bajé todo despeinado, sin haber comido nada en todo el día, y con una mezcla rara de cansancio y coraje. Porque esta ciudad no estaba en mi lista por sus montañas. Estaba en mi lista por Gigi D'Agostino.

El plan era perfecto, casi ridículo de lo perfecto: el hotel quedaba literalmente enfrente de la Olympiahalle, la arena donde iba a ser el concierto. Solo tenía que cruzar la calle. Desde la ventana se ve el estadio al fondo. Lo grabé, porque si no lo grabo no me lo creo.

La Olympiahalle no es cualquier lugar: se abrió en 1963 y fue sede del patinaje artístico y del hockey en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1964 y 1976, y de los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud de invierno en 2012. Ahí han tocado los Rolling Stones, Tina Turner y Dire Straits. Y ahí iba a ver a Gigi. Iba.

El 1 de junio, dos días antes, la productora Semtainment anunció que posponía los conciertos de Innsbruck y de Linz "por asuntos técnicos internos de su producción". Según el promotor y la propia Olympiaworld, ni Gigi ni su agencia tuvieron la culpa. Las nuevas fechas: Linz el 3 de diciembre de 2026 e Innsbruck el 2 de abril de 2027. Muy bonito todo, pero yo crucé el charco y armé un viaje de casi tres semanas alrededor de esas dos noches. Y no es la primera vez: en 2016 Gigi iba a tocar por primera vez en México, en los EMPO Awards en la Arena Ciudad de México, y también se cayó de último momento. A la segunda ya no es mala suerte, es un patrón. Me duele decirlo porque lo escucho desde siempre, pero hoy me siento como el fan que se quedó vestido y alborotado.

Y como el universo no sabe cuándo parar: esa misma noche me enteré de que alguien usó mis datos de la reserva del hotel. Me cargaron la habitación tres veces: el cobro original, correcto, y otros dos cargos "a nombre del hotel" que ni el hotel ni Booking reconocen. Hubo una filtración de datos en algún punto. Ya metí la reclamación al banco, pero son casi doce mil pesos congelados hasta que se resuelva. Bienvenido a Austria.

Al día siguiente hice lo único que se puede hacer cuando el plan se cae: salir a caminar. Y ahí Innsbruck me desarmó.

La Stadtturm de Innsbruck con su cúpula de cebolla

El centro histórico arranca con la Stadtturm, la torre de la ciudad. Se construyó entre 1442 y 1450 junto al antiguo ayuntamiento, y la cúpula de cebolla se la pusieron en 1560. Mide 51 metros y tiene un mirador a 31 metros al que se sube por 133 escalones. Desde abajo, con ese cielo, parece pintada.

Herzog-Friedrich-Straße con el Goldenes Dachl al fondo

Caminando por la Herzog-Friedrich-Straße, al fondo aparece el famoso Goldenes Dachl, el Tejadito de Oro. Lo mandó construir el emperador Maximiliano I en 1500 para celebrar su boda con Bianca Maria Sforza. Son 2,657 tejas de cobre doradas al fuego, y funcionaba como palco imperial: desde ahí el emperador veía los torneos y las fiestas en la plaza. Básicamente el área VIP del siglo XVI.

Calle de la Altstadt de Innsbruck con la Stadtturm y el Tejadito de Oro

Selfie en el centro de Innsbruck

Después bajé al río. El nombre de la ciudad lo explica todo: Innsbruck significa "puente sobre el Inn". Nació como un cruce medieval de ese río, que baja verde grisáceo y con una fuerza que impresiona, directo de los glaciares.

Selfie en el puente sobre el río Inn

El río Inn y las montañas alrededor de Innsbruck

La cordillera Nordkette sobre el valle del Inn

Detrás de todo está la Nordkette, la cordillera que se ve desde cualquier punto de la ciudad. Hay un funicular que sube a Hungerburg, con estaciones diseñadas por Zaha Hadid, y luego teleféricos hasta el Hafelekar, a unos 2,300 metros. Yo no subí; me conformé con verla desde abajo, que ya es bastante.

El río Inn con casas y montañas al fondo

Las casas de colores de Mariahilf frente al río Inn con la Nordkette detrás

Y luego está la foto que todo el mundo toma, y con razón: las casas de colores de Mariahilf, sobre la orilla del Inn, con la Nordkette encima. Son casas que van de finales de la Edad Media al barroco, y junto con el Tejadito de Oro son el ícono de la ciudad. El barrio de al lado, St. Nikolaus, es el más antiguo de Innsbruck.

Lo digo como lo sentí: esto parece una televisión de aparador. Como cuando vas al Liverpool y tienen esa pantalla súper brillante en modo tienda, con los colores saturados para que te enamores. Así se ven los paisajes aquí. El sol, las sombras que hacen las nubes sobre las montañas y los edificios de colores; todo junto se ve irreal. Mis fotos son de celular, y aunque el teléfono es muy bueno, se quedan cortas con lo que se ve en persona.

Calle soleada del centro de Innsbruck con la Nordkette al fondo

Maria-Theresien-Straße con la Nordkette de fondo

La avenida principal es la Maria-Theresien-Straße, peatonal, llena de cafés y de gente, con las montañas cerrando la perspectiva al fondo. A la mitad está la Annasäule, la Columna de Santa Ana.

La Annasäule, Columna de Santa Ana, en la Maria-Theresien-Straße

La Virgen María sobre la Columna de Santa Ana

La columna recuerda que el 26 de julio de 1703, día de Santa Ana, los tiroleses expulsaron a las tropas bávaras que habían invadido Tirol durante la Guerra de Sucesión Española. Prometieron levantarla en agradecimiento y la bendijeron en 1706. Es de mármol rojo, obra de Cristoforo Benedetti, y arriba está la Virgen sobre una media luna dorada. Tres siglos después sigue siendo el punto de reunión de la ciudad.

La Columna de Santa Ana vista desde la Maria-Theresien-Straße

Esa noche, a la hora en que debía estar formado enfrente del hotel para entrar al concierto, grabé esto:

Y para rematar, el último día llovió. Lo único verdaderamente espectacular que tiene la ciudad, las montañas, desapareció detrás de las nubes. Me quitaron hasta eso.

La Nordkette cubierta de nubes sobre los edificios de Innsbruck

Montañas de Innsbruck en un día nublado

¿Qué me llevo de Innsbruck? Que es probablemente una de las ciudades con mejores vistas del mundo: montañas, río, casitas de colores, historia imperial en cada esquina. Lo que no me encantó fue la comida: la cocina tirolesa es pesada y muy condimentada, con platos como el Tiroler Gröstl (papa, cebolla y tocino salteados con huevo frito encima) o los Kaspressknödel (bolas de pan con queso de montaña, aplastadas y fritas). Y la gente, aunque intenta ser amable, habla un inglés con un acento tirolés que de plano me costaba entender. Eso sí: son más cálidos que los españoles.

Siguiente parada: Linz. Donde, por cierto, también había un concierto de Gigi. Ya se imaginan cómo termina esa historia.

Yo en el puente sobre el Inn

Yo en el puente sobre el Inn

Yo en la Maria-Theresien-Straße

Yo en la Maria-Theresien-Straße

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