Madrid–Ibiza: la app decía una cosa, el aeropuerto otra, y yo comiendo una Whopper
Ryanair tiene una habilidad especial para hacerte dudar de tu propia existencia. Saliendo de Madrid rumbo a Ibiza, abro la app y el vuelo aparece a la hora correcta, sin ningún drama — pero sin puerta asignada. Normal hasta ahí, eso pasa. El problema es que cuando volteo a las pantallas del aeropuerto, el mismo vuelo aparece con dos horas de retraso. Dos versiones de la realidad al mismo tiempo. Le pregunto a la gente que trabaja ahí y nadie — literalmente nadie — supo explicarme qué estaba pasando. Ni si había retraso, ni si no lo había, ni qué puerta era. Nada. Cara de "yo nomás estoy aquí por el sueldo".
Ante la incertidumbre total, hice lo más lógico: comer. No había comido en Madrid — larga historia — así que me metí al Burger King que estaba a dos pasos de la puerta que, por pura intuición, supuse que sería la mía. Sin datos. Sin confirmación. Sin ninguna base racional. Solo el instinto de alguien que lleva años viajando y ya aprendió que en los aeropuertos la intuición a veces vale más que los sistemas de información.
A media Whopper con queso — ni siquiera había terminado la mitad — empiezan a convocar a los pasajeros de mi vuelo. Exactamente en la puerta donde yo estaba sentado. Las pantallas del aeropuerto seguían marcando dos horas de retraso mientras el vuelo estaba abordando en tiempo real. No sé qué sistema de información usa Barajas, pero claramente no se habla con la realidad.

Y ya que estamos: el aeropuerto de Madrid es un caos. Zonas cerradas sin aviso, basura por todos lados, un olor a orines que no debería existir en una infraestructura de ese nivel, y personal que parece no haber recibido ningún tipo de capacitación para atender a nadie. No es que la gente sea mala onda — es que genuinamente no tienen información ni herramientas para dártela. El lugar se siente abandonado a su suerte. Para ser uno de los aeropuertos más transitados de Europa, Barajas tiene una deuda enorme con la experiencia básica de viajar.
En fin. Whopper comida, vuelo abordado, Ibiza en camino. A veces el caos funciona a tu favor si sabes moverte dentro de él sin perder la calma — ni el apetito.
Siguiente parada: Ibiza. Café del Mar al atardecer, y después el inicio de la temporada de clubbing con todo lo que eso implica.

Yo esperando en Barajas

Yo comiendo una hamburguesa en el aeropuerto