Black Coffee en UNVRS: el cierre más caro (y más bonito) de Ibiza
Último día de fiestas en Ibiza y le tocó a Black Coffee cerrar el ciclo. UNVRS resultó ser el antro más caro de todo el viaje, pero no me arrepiento ni tantito. Hay lugares donde pagas el cover y te quedas pensando "¿en serio?", y hay otros donde el precio tiene sentido desde que entras. Este fue el segundo caso. La gente era notablemente más bonita, más respetuosa, y — dato que agradezco profundamente después de noches anteriores — muy pocos olían mal. Eso solo ya vale la diferencia de precio con cualquier otro lugar de la isla. El set de Black Coffee estuvo exactamente como debe estar: sin exagerar, sin aburrir. Cumplidor en el mejor sentido de la palabra. No intentó inventarse a sí mismo esa noche, simplemente hizo lo que sabe hacer bien, y eso fue suficiente.

Mientras fumaba un cigarro afuera, conocí a un alemán. Me contó que era su primer viaje solo y que su misión principal era conocer mujeres. Le dije que ese era el momento perfecto: Ibiza, noche de Black Coffee, gente guapa por todos lados. El ambiente ideal. Me escuchó, asintió con cara de convencido... y se fue directo a la pista a bailar solo. No vi que le hablara a absolutamente nadie en toda la noche. Ahí está la gran verdad de Ibiza: el lugar te da todas las condiciones, pero el paso lo tienes que dar tú. Él eligió bailar. Respeto.

Del lugar en sí: la iluminación estaba muy bien lograda, de esas que te meten en ambiente sin que te des cuenta. Pero el audio quedó a deber. Le faltaba punch. Para un set de Black Coffee, que vive del grave y de los silencios que golpean, eso se siente. No arruinó la noche, pero sí es algo que notas cuando estás acostumbrado a escuchar bien. La barra, en cambio, sin quejas. La chava que me atendió jamás me pidió propina — cosa que con otros bartenders de la semana casi se convierte en obligación tácita — y además estaba preciosa, con un aire eslavo que me hizo pensar que era ucraniana. Buen trato, buen servicio, sin dramas.

Lo que sí no me gustó: la distancia entre el taxi y la entrada. Llegando no se siente tanto, porque vas con energía y con ganas. Pero de regreso, con horas de baile encima y los pies destruidos, esa caminata se hace eteeeeerna. Cada paso es un recordatorio de que llevas días danzando como caníbal por toda la isla. No es un problema mayor, pero si vas, toma en cuenta que el Uber no te deja en la puerta.
En resumen: buen cierre para Ibiza. Una semana intensa, cara, sonora y física. Cocoon, Café del Mar, Marco Carola en Pacha, Claptone en Chinois, Keinemusik, Circoloco en DC10, y Black Coffee para rematar. No me puedo quejar. Ahora cambia completamente el ambiente: siguiente parada, Berlín. Otra ciudad, otra energía, otra forma de entender la música de noche. Ya veremos qué tan lejos llego en Berghain.

Yo en UNVRS con Black Coffee

Yo saliendo de UNVRS al amanecer