Circoloco en DC10: el original siempre gana
Llevaba días escuchando que DC10 era otra cosa. Que no se comparaba con nada. Y sí, tenían razón — pero necesitaba verlo con mis propios ojos para entenderlo. Circoloco en DC10 Ibiza no es lo mismo que el Circoloco que hacen en México, y lo digo con todo el respeto del mundo hacia los que lo organizan allá, pero la diferencia es brutal. Aquí el evento tiene 26 años de historia ininterrumpida, nació en este mismo spot junto al aeropuerto, y se nota en cada rincón que no es una copia de nada: es el original. El line up estuvo de 10, aunque mi cuerpo ya no dio para quedarme hasta Adam Ten — y no me arrepiento, porque lo que alcancé a vivir valió todo el cansancio acumulado de la semana.
La dinámica del lugar me recuerda mucho a lo que viví en 528: empiezas afuera, en el área abierta, con el sol todavía pegando o ya cayendo, y conforme avanza la noche vas migrando hacia adentro. Hay algo muy orgánico en ese flujo. No te obliga nadie, simplemente pasa. Lo que sí me sorprendió fue el audio — y mira que ya he estado en lugares con buen sonido en este viaje, pero DC10 tiene uno de los sistemas más potentes que he escuchado en mi vida. No es volumen por volumen: es presión, es graves que sientes en el pecho, es claridad a pesar de todo. Técnicamente impresionante.
Ahora, la gente. Ya sé que lo he dicho antes y no voy a repetir el mismo sermón, pero sí, el problema de siempre. No voy a culpar al venue ni al line up — eso estuvo impecable. Es simplemente la realidad de estos eventos masivos: hay gente que viene a vivir la música y hay gente que viene a otra cosa. Uno aprende a filtrar y a encontrar su espacio dentro del caos.
Y entonces llegó el momento más ibicenco de todo el viaje hasta ahora: conocí a una cubana que, al terminar el evento, me invitó a un after party en una villa privada. Evidentemente no fui — porque ni siquiera terminé el evento, para empezar. De regreso en el taxi, el chofer me explicó que esos afters son organizados por gente normal que simplemente renta una villa y contrata a algún DJ para que vaya a tocar en privado. Solo entras con invitación. La invitación ya la tenía. La energía no. Así que me perdí una fiesta privada en una villa en Ibiza. La verdad es que no creo haberme perdido de mucho — y si me equivoco, prefiero no saberlo.

Mañana es recovery day oficial. El cuerpo lo exige y no voy a discutirle. Pero ya tengo la cabeza en la última fiesta de Ibiza: UNVRS con Black Coffee. Si algo tiene que cerrar esta etapa de la isla con todo, es eso.

Yo en la terraza de DC10

Yo en Circoloco