Recovery day: el sol, las ronchas y el francés del balcón
Hoy fue recovery day oficial. Y cuando digo oficial me refiero a que no salí del hotel ni para comer, cosa que tampoco es tan diferente de los demás días "libres" que he tenido aquí, porque siendo honesto, después de fiestas nocturnas consecutivas cualquier día que no hay evento se convierte automáticamente en recovery aunque no lo hayas planeado. El cuerpo simplemente lo decide por ti. Esas sesiones de 6, 7, 8 horas seguidas de música y gente y ruido y bailar vaya que desgastan, y no importa cuántos años lleves en esto: el cuerpo cobra su factura y no acepta negociaciones.

Los primeros días sí intenté aprovechar lo que se supone que tiene que ofrecerte Ibiza de día: la alberca, el mar, el sol. Me metí a la alberca, intenté meterme al mar. Y aquí viene la comparación inevitable que cualquier mexicano va a hacer: en México nadie nos gana en eso. Agua templada, playas paradisiacas, arena fina. No es que aquí esté mal, pero cuando llevas toda la vida acostumbrado a las playas del Caribe o del Pacífico, el contraste es brutal. El agua está fría, la arena tiene piedras y sargazo, y no hace el calor suficiente como para que valga la pena aguantar el agua fría. La gente local o los europeos que vienen aquí no parecen tener ese problema: se quedan tendidos como lagartijas en sus camastros tomando el sol todo el día sin el menor remordimiento.

Yo eso no lo hago. No porque sea muy sofisticado ni nada de eso, sino por dos razones muy concretas: primera, que si me recuesto al sol con el calor y el cansancio acumulado me quedaría dormido en el camastro y roncaría junto a toda la gente, y eso sería una vergüenza que no necesito. Segunda, y más importante, que cuando estoy mucho tiempo al sol me salen ronchas. No es broma, no es excusa. Mi piel simplemente tiene su propio criterio sobre cuánto sol es demasiado, y ese criterio es bastante conservador.
Hoy tampoco me levanté a tiempo para el desayuno, como varios días anteriores. Y aquí tengo una queja legítima con el hotel: el desayuno es de 8 a 11 de la mañana. ¿Quién diseñó ese horario? Estamos hablando de un hotel que está literalmente al lado de las mejores fiestas de Ibiza. A las 8 de la mañana hay gente que todavía no ha llegado de la fiesta. Los que ya llegamos estamos roncando profundamente sin ninguna intención de movernos. Las 11 am aquí es lo que las 6 am es en el resto del mundo para la gente que salió de noche. Deberían poner el desayuno de 12 a 3, mínimo, y sería un éxito total. En fin, tuve que pagar almuerzo y cena por mi cuenta, que tampoco es el fin del mundo, pero el principio es el principio.

Y ya que estoy hablando del hotel, tengo que mencionar a mi vecino de habitación. Nunca lo he visto en persona, pero lo conozco bastante bien a estas alturas. Es francés, aparentemente gay, y se la pasa hablando por teléfono en el balcón a horas completamente aleatorias. Eso ya sería suficiente para tenerlo catalogado, pero lo que no entiendo es la otra actividad que realiza constantemente: arrastrar muebles. Solo. Sin compañía. Arrima sillas, mueve mesas, reorganiza lo que sea que haya en su habitación como si fuera su casa y estuviera redecorando. Y está solo con su teléfono. No lo entiendo. Quizás sea venganza por mis ronquidos que no lo dejan dormir, cosa que tampoco descarto. O quizás simplemente es así. Es uno de esos misterios del viaje que uno sabe que nunca va a resolver y hay que aceptarlo.
Esta noche es la última fiesta de Ibiza: Black Coffee en UNVRS. Después de esto, la isla ya cumplió su misión.
Siguiente parada: Berlín. Diferente continente, diferente energía, diferente temperatura, misma disposición de no dormir bien.

Yo en mi recovery day

Yo viendo el atardecer desde el hotel