Berlín: 2 días caminando 300 años de historia (y me rechazaron en Berghain)
Ahora que estoy en el tren rumbo a Innsbruck puedo sentarme a escribir esto con calma. Berlín me dejó sin palabras, y eso no me pasa seguido. Dos días recorriendo una ciudad que literalmente es un museo a cielo abierto, donde cada esquina tiene capas encima de capas de historia: Prusia, el Imperio Alemán, el nazismo, la Guerra Fría, la reunificación. Todo en el mismo barrio, a veces en el mismo bloque. No exagero cuando digo que en 20 minutos caminando puedes atravesar 300 años sin salir del mismo vecindario. Berlín es de esas ciudades que te obliga a pensar, aunque no quieras.

Empezamos por la Torre de TV y la Iglesia de Santa María (Marienkirche). La iglesia es una de las pocas construcciones medievales originales que sobrevivieron a la guerra. Algunas partes datan del siglo XIII. La torre, en cambio, es un símbolo de la antigua Alemania Oriental: la inauguró el gobierno comunista en 1969 para demostrar el poder tecnológico socialista. El detalle irónico: los dirigentes eran oficialmente ateos, pero cuando el sol se refleja en la esfera metálica aparece una cruz luminosa. Los berlineses la apodaron "La venganza del Papa". Me parece que es el tipo de dato que no te enseñan en la escuela pero que dice todo sobre lo que fue ese régimen.


Después pasamos por el Ministerio de Aviación del Reich, en Wilhelmstraße. Este edificio fue el cuartel de Hermann Göring. Es uno de los pocos edificios gubernamentales nazis que sobrevivieron casi intactos a la guerra. Sobrevivió al Tercer Reich, a los bombardeos, a la ocupación soviética, a la RDA, y hoy sigue siendo usado por el gobierno alemán. Hay algo perturbador en eso. No sé si es valentía institucional o simplemente pragmatismo alemán, pero el edificio sigue ahí, de pie, como si nada.

El Memorial del Holocausto me detuvo. Son 2,711 estelas de hormigón que no tienen una interpretación oficial única. Cada persona debe experimentar el espacio y sacar sus propias conclusiones. Por eso al caminar hacia el centro los bloques se vuelven más altos y el suelo más irregular. La sensación es deliberadamente incómoda. A mí me pareció todo normal visualmente, pero hay algo en el ambiente... algo pesado que no sabes exactamente de dónde viene. No te lo puedo explicar mejor que eso.


La Columna de la Victoria (Siegessäule) fue construida para celebrar las victorias prusianas sobre Dinamarca, Austria y Francia, las guerras que terminaron unificando Alemania. Dato que no sabía: originalmente estaba frente al Reichstag. Hitler ordenó moverla a su ubicación actual durante los planes de convertir Berlín en la gigantesca "Germania". Nunca se concretó ese delirio, pero la columna se quedó donde él la puso.

Justo ahí está el Monumento a Bismarck. Otto von Bismarck fue probablemente el político alemán más importante del siglo XIX, el "Canciller de Hierro" y el arquitecto de la unificación alemana en 1871. Para muchos alemanes ocupa un papel parecido al de Benito Juárez en México, aunque con un perfil mucho más militar y geopolítico. Sin él, probablemente no existiría Alemania como estado unificado.

Luego llegamos al Monumento Soviético del Tiergarten, y este es uno de los sitios más fascinantes de todo el recorrido. Fue construido en 1945 por la Unión Soviética para conmemorar a los soldados caídos en la Batalla de Berlín. Lo irónico: cuando Berlín quedó dividida, el monumento quedó en Berlín Occidental. Durante toda la Guerra Fría, soldados británicos custodiaban un monumento soviético. Una situación completamente surrealista que resume perfectamente lo absurdo de ese período.

Y aquí tengo que decir algo que no esperaba. Yo no lo creía hasta que llegué a Berlín, pero lo vi y lo hablé con algunas personas: en Berlín sí existe cierto respeto genuino hacia los rusos. Forman parte de su cultura y su historia de una manera que desde nuestro lado del charco no entendemos bien. En México y en general en América tenemos muy romantizada la historia desde la perspectiva americana. Pero para los que vivían del lado comunista no todo era tan malo. Hay personas que siguen defendiendo lo que fue ese sistema, aunque hay que ser cuidadoso: no es el comunismo actual lo que defienden, sino una experiencia vivida antes de la caída del muro. Eso me hizo pensar bastante.

El Reichstag siempre quise visitarlo. El Parlamento alemán. Por ese edificio pasó prácticamente toda la historia moderna alemana: el Imperio Alemán, la República de Weimar, el incendio de 1933 que le dio pretexto a Hitler para consolidar el poder, la Batalla de Berlín, la reunificación. La inscripción en la fachada dice "DEM DEUTSCHEN VOLKE" — "Al pueblo alemán". Fue una frase polémica cuando la pusieron porque implicaba que el Estado debía servir al pueblo y no al emperador. Hoy suena obvio. En 1916 era casi revolucionario. Me parece impresionante. Imponente.


La Puerta de Brandeburgo. Para Alemania es lo que la Torre Eiffel es para Francia. Durante la Guerra Fría quedó exactamente junto al Muro de Berlín y durante décadas nadie podía cruzarla. Cuando cayó el muro en 1989 se convirtió en el símbolo de la reunificación. Dato curioso: Napoleón robó la cuadriga de arriba y la llevó a París. Los prusianos la recuperaron después. Clásico Napoleón.


La Isla de los Museos (Museumsinsel) y el río Spree merecen su propio párrafo. El Spree es la razón por la que Berlín existe: la ciudad nació hace más de 800 años como dos poblaciones comerciales separadas, Berlín y Cölln, ambas a orillas del río. Durante la Guerra Fría, partes del Spree se convirtieron en frontera: una orilla era Berlín Occidental, la otra Berlín Oriental, con guardias vigilando constantemente para evitar fugas. Los cruceros turísticos que hoy recorren el río pasan por lugares donde hace unas décadas había torres de vigilancia, alambradas y patrullas armadas.


El Altes Museum forma parte de la zona declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con algunas de las colecciones arqueológicas más importantes de Europa.

La Catedral de Berlín (Berliner Dom) es la principal iglesia protestante de la ciudad. Fue construida por los emperadores alemanes para rivalizar en majestuosidad con las grandes catedrales católicas europeas. En 1944 una bomba impactó la cúpula y el incendio posterior causó daños enormes. Cuando Berlín quedó dividida, la catedral quedó del lado oriental, y los comunistas no tenían mucho interés en restaurar iglesias. Desde el río se aprecia mejor su tamaño real que de frente. La cúpula sigue rodeada de andamios, completamente normal: lleva décadas entrando y saliendo de restauraciones. Los alemanes son obsesivos con la conservación del patrimonio.


La Alte Nationalgalerie parece un templo griego porque fue diseñada en el siglo XIX para transmitir exactamente eso: "el arte es una nueva religión." Dentro están algunos de los cuadros más importantes del romanticismo alemán, obras de Caspar David Friedrich y Adolph Menzel. La estatua ecuestre central representa a Friedrich Wilhelm IV.

El Deutsches Historisches Museum tiene la parte moderna de cristal diseñada por I. M. Pei, el mismo que diseñó la pirámide del Louvre en París. En un solo recorrido cubres desde el Sacro Imperio Romano Germánico hasta la reunificación. Es una locura.

El Maxim Gorki Theater lleva ese nombre porque durante la época comunista de la RDA se convirtió en un símbolo cultural importante. Muchos edificios y teatros del Berlín Oriental recibieron nombres de figuras soviéticas. Hoy es uno de los teatros más progresistas de Alemania, famoso por abordar temas de migración, identidad y política contemporánea.


Pasé por Dussmann das KulturKaufhaus, una librería bastante seria. De hecho recorrí tres librerías intentando encontrar un regalo específico: Scivias de Hildegard de Bingen. No lo encontré en ningún lado. Lo que sí tienen en cantidades industriales son vinilos, y eso tiene mucho sentido: Berlín es probablemente una de las capitales mundiales del vinilo electrónico. Aquí nacieron o crecieron escenas relacionadas con el techno de Detroit importado a Europa, el minimal techno, el dub techno, el industrial. Por eso muchas tiendas siguen vendiendo enormes cantidades de vinilos cuando en otras ciudades ya desaparecieron hace años.


Y llegamos a la parte que todo el mundo me iba a preguntar: me rechazaron en Berghain. Sí. Ser rechazado ahí es casi un rito de iniciación, hay gente que vive en Berlín y lleva años intentando entrar. No me pone triste. Porque fui a Tresor, y desde un punto de vista histórico eso es casi tan importante.
Cuando cayó el Muro en 1989, la ciudad estaba llena de fábricas abandonadas, centrales eléctricas vacías y bóvedas bancarias olvidadas. Un grupo de locos descubrió la bóveda subterránea de unos grandes almacenes destruidos cerca de Potsdamer Platz. "Tresor" en alemán significa bóveda o tesoro. Y de ahí nació el club. El sótano principal está donde originalmente había una bóveda bancaria real: esa sensación de túnel industrial, paredes metálicas y concreto brutalista no es decoración, es la arquitectura original del lugar.
Antes de Tresor, el techno era algo muy local de Detroit. Tresor fue uno de los primeros lugares de Europa en traer regularmente a DJs como Jeff Mills, Juan Atkins y Kevin Saunderson. Literalmente ayudó a conectar Detroit con Berlín. Sin Tresor es posible que el techno europeo jamás hubiera evolucionado como lo hizo.


Mientras en otros países la gente estaba en bares convencionales, aquí hacían fiestas ilegales de 30 horas dentro de fábricas abandonadas. Por eso el techno berlinés tiene una identidad tan distinta de Ibiza. Berghain es una leyenda. Pero Tresor es historia viva. Muchos de los DJs que terminaron tocando en Berghain crecieron escuchando historias de Tresor. No me arrepiento de nada.


Lo que más me queda de Berlín es esto: pocas ciudades en el mundo te permiten caminar 20 minutos y atravesar Prusia, el Imperio Alemán, el nazismo, la Guerra Fría y la Alemania moderna sin salir del mismo barrio. Sin proponértelo, recorriste una línea cronológica completa de la historia alemana. Es una ciudad que no te deja indiferente. No puede.



El tren ya va avanzando. Siguiente parada: Innsbruck, y mañana lo que más esperaba de toda esta parte del viaje: Gigi D'Agostino en vivo.

Yo en la Puerta de Brandeburgo

Yo en el Memorial del Holocausto