Terraza, maletas y el charco que me espera
Hay algo raro en el silencio de la terraza cuando ya sabes que en unas horas no vas a estar. Todo lo que normalmente ignoras — el ruido de la ciudad, el cielo antes del amanecer, hasta el frío de las losetas — de repente cobra una textura distinta. No es nostalgia, porque todavía no me he ido. Es más como cuando el cerebro ya empezó a despedirse sin avisarte. Aquí sentado, con el equipaje casi listo y la cabeza dando vueltas entre checklist de vuelo y pendientes de trabajo que "se van a resolver solos" (spoiler: no se van a resolver solos), se me ocurrió que vale la pena parar aunque sea diez minutos antes de meterme al caos.

Mañana vuelo a Madrid. Después Ibiza. Después Berlín. Después Innsbruck, Linz, Viena. Casi tres semanas del otro lado del charco, que suena muy bonito hasta que recuerdas que son tres semanas sin tu colchón, sin tu cocina, con internet de hotel y con la logística de quien viaja solo y tiene que ser al mismo tiempo el turista, el técnico, el DJ que va a ver a otros DJs, y el que sigue respondiendo mensajes de trabajo desde una banca en algún aeropuerto europeo.
Y aun así no cambiaría nada.
Hay algo que pasa cuando sales de tu ciudad que ningún libro de productividad ni ningún retiro de bienestar te puede dar: perspectiva forzada. No la que buscas. La que llega sola cuando estás en un lugar donde nadie te conoce, donde el idioma cambia, donde los ritmos son distintos y de repente tu cerebro deja de operar en modo emergencia y empieza a ver las cosas desde afuera. A mí me ha pasado siempre. Regreso diferente. No "transformado" en el sentido cursi, sino con la cabeza más ordenada, con claridad sobre qué importa y qué estaba ocupando espacio sin merecer.
Este viaje en particular tiene mucho peso. Cocoon en 528, Marco Carola en Pacha, Keinemusik, Claptone, Black Coffee, Circoloco en DC10, Berghain si los dioses del techno están de buen humor, y al final Gigi D'Agostino en vivo dos noches seguidas en Austria. Eso no es turismo. Eso es una peregrinación. Hay gente que va a Roma a ver el Vaticano. Yo voy a Ibiza a escuchar música que me mueve algo adentro que el día a día normalmente tiene tapado.
La terraza ya se está enfriando. El checklist dice que falta poco. El vuelo sale en unas horas.
Siguiente parada: Madrid — primera escala antes de Ibiza.

Yo en mi terraza antes del viaje

Yo cerrando la maleta