Viena: palacios, valses y cero ganas de sacar el celular
Última parada en Austria: Viena. Y voy a ser honesto desde el principio: casi no tomé fotos. Estaba enojadísimo. Este viaje lo organicé alrededor de los conciertos de Gigi D'Agostino en Innsbruck y en Linz, se cayeron los dos, y llegar a una de las ciudades más bonitas de Europa con ese humor es como llegar a una fiesta después de que te cortaron. Las imágenes de este post son de Wikimedia Commons, con crédito a sus autores, porque Viena se merece que se vea bien aunque yo no estuviera para fotos.

Foto: Dietmar Rabich · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
El símbolo de la ciudad es el Stephansdom, la catedral de San Esteban, con ese techo de tejas de colores que parece hecho a mano una por una. Su torre sur mide 136 metros. En la torre norte está la Pummerin, la campana más famosa de Austria: la original se fundió con el bronce de los cañones que dejaron los otomanos después del sitio de Viena de 1683.

Foto: C.Stadler/Bwag · CC BY-SA 3.0 at · Wikimedia Commons

Foto: Granada · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
Viena es la capital de un imperio que ya no existe, y se nota en cada edificio. El Hofburg fue la residencia de los Habsburgo durante siglos. La Ringstraße, el gran bulevar que rodea el centro, la inauguraron Francisco José y Sisi el 1 de mayo de 1865, en el lugar donde antes estaban las murallas de la ciudad. Sobre ella están la Ópera Estatal, el Parlamento y los museos. El centro histórico es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2001.

Foto: Thomas Wolf, www.foto-tw.de · CC BY-SA 3.0 de · Wikimedia Commons
Schönbrunn, el palacio de verano de los Habsburgo, es Patrimonio Mundial desde 1996, y su zoológico, fundado en 1752, es el más antiguo del mundo que sigue funcionando. Y en el Prater está el Riesenrad, la rueda de la fortuna de 1897, de unos 65 metros, que es casi tan vienesa como el vals.

Foto: Dimitry Anikin · CC0 · Wikimedia Commons
Hablando de vals: El Danubio azul de Johann Strauss hijo se estrenó en 1867 para levantarle el ánimo a una ciudad que acababa de perder una guerra contra Prusia. Una ciudad deprimida que se curó bailando. Me identifiqué.
Pero para mí, como DJ, Viena tiene otra cara que me importa más: el "Vienna sound". En 1993 Kruder & Dorfmeister sacaron el EP G-Stoned, con una portada que imitaba el Bookends de Simon & Garfunkel, y unos años después The K&D Sessions, un disco de remixes que se volvió biblia del downtempo y del chill-out en todo el mundo. La propia oficina de turismo de Viena los llama el sonido más innovador de la ciudad desde Schönberg. Hoy la escena electrónica sigue viva en clubes como Flex o Grelle Forelle. Si hubiera venido con otro ánimo, ahí habría terminado la noche.

Foto: a.canvas.of.light from Melbourne, Australia · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons
Lo que sí es imposible ignorar en Viena son los cafés. La cultura del café vienés está reconocida como patrimonio cultural inmaterial en Austria desde 2011: lugares como el Café Central, con techos altísimos y meseros de traje, donde puedes pasar horas con un café y un periódico sin que nadie te apure.

Foto: Rizka · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Foto: Jun Seita (flickr.com/photos/jseita) · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons
Y la comida obligatoria: la Sachertorte, el pastel de chocolate con mermelada de chabacano que según la tradición inventó en 1832 Franz Sacher, un aprendiz de 16 años. Y el Wiener Schnitzel, que por ley en Austria tiene que ser de ternera; si es de cerdo tiene que decir "vom Schwein". Un país que regula el nombre de una milanesa. Austria, en resumen.
Cierro Austria con sentimientos encontrados. Por un lado, creo sinceramente que tiene algunas de las mejores vistas del mundo: el contraste de las montañas con las casitas de colores, los ríos, los monumentos, todo. Por otro lado, la comida no es lo mío (demasiado condimento) y con la gente me costó conectar: intentan ser amables, pero entre los dialectos y el acento su inglés se me hacía difícil de seguir. Eso sí, son más cálidos que los españoles.
Y lo de Gigi. Sé que oficialmente fue un problema técnico de la productora y no una decisión suya. Pero es la segunda vez: en 2016 se cayó su presentación en los EMPO Awards en México días antes, y ahora organicé un viaje entero alrededor de dos conciertos que no fueron. Lo he escuchado toda la vida, y hoy no me queda más que decirlo: algo se rompió.
Así se cierra el capítulo Austria. Bonito por fuera, amargo por dentro.

Yo frente al Stephansdom

Yo en un café vienés