Chinois Ibiza, Nora en Pure y el documental de las mexicanas
Anoche tocó Chinois. Y si hay algo que debo reconocer antes de cualquier otra cosa, es que el lugar te baja el ego en cuanto entras. No es un club más. Es elegante de verdad, no de ese elegante inflado que usan los promotores para vender entradas caras. La arquitectura, la decoración, la terraza, la gente — todo tiene un nivel diferente. Nada de sandalias, nada de shorts, nada de ese caos de sudor y polvo que ya me traía acostumbrado Ibiza. Aquí la gente llegó arreglada, y se nota que no fue accidente. Chinois tiene esa vibra de lugar que sabe exactamente qué es y no necesita explicarlo.

Nora en Pure abrió el set y hay que darle crédito donde merece: tocó espectacular. Le pongo un 8 de 10, y eso no es poco viniendo de mí. Es la segunda vez que la veo en vivo y tiene algo que muy pocos DJs logran: hace que el cuarto respire distinto. El problema, si acaso se puede llamar problema, es que sentí que le faltó soltar más de sus hits conocidos. Como que se quedó en modo exploración cuando la gente ya estaba lista para lo que sabe de ella. Pero el set fue bueno, no me malentiendan.
Luego llegó Claptone. Y bueno... fue Claptone. Empezó bien, con energía, con intención. Pero en algún punto del set simplemente dejó de ser interesante y se convirtió en lo que siempre termina siendo: correcto, predecible, funcional. No malo. Solo... Claptone. Si ya lo conoces, ya sabes de qué hablo. Si no lo conoces, pronto lo sabrás.
Así que hice lo que cualquier persona razonable hace cuando un set no la atrapa del todo: subí a la terraza. Dos Coca-Colas, un cigarro, y la vista de Ibiza de noche. Hay peores formas de pasar el tiempo. Las piernas ya me estaban mandando mensajes muy claros desde hace horas — llevamos días de esto y el cuerpo ya está llevando la cuenta aunque la cabeza no quiera. Mañana toca Keinemusik en Pachá, así que el descanso no es opcional, es logístico.
Ah, y antes de que se me olvide: hoy sí vi mexicanas. Tres. Y no necesité escucharlas hablar para saberlo. El diagnóstico fue inmediato e irrefutable: pestaña postiza tamaño buchona, uñas acrílicas de colección, botox en los labios, pezoneras de silicón de las que se ponen cuando no traen brasier, cabello alaciado a punto de tostado, y maquillaje aplicado con lo que parece un Sharpie. No es exageración. Es descripción clínica.
Y no me vengan con que "depende del gusto" o "es que tú no entiendes la cultura", porque no. Una mujer así es como el reggaetón: hay gente que lo defiende con la vida, pero en el fondo todos saben de qué se trata. Lo que más me gusta de las europeas es exactamente lo opuesto: naturales. Sin pestañas postizas, sin uñas de acrílico, sin botox, sin alaciado de hierro, poco o nada de maquillaje. 10 de 10 en ese sentido. El único inconveniente es que las de 30 a veces parecen de 50, supongo que es el tono de piel y la exposición al sol de toda la vida. Precio que se paga.
Regresé al hotel con las piernas agradecidas y la promesa de despertarme a tiempo para alcanzar el desayuno. Spoiler: probablemente no lo logre. Pero la intención estuvo. Mañana Keinemusik en Pachá, y después de eso, Berlín.
Siguiente parada: Keinemusik en Pachá — y después, Berlín.

Yo en Chinois Ibiza

Yo bailando con Nora en Pure